Cuando tomo decisiones, me complico mucho con el tema. Me cuesta llegar a algún acuerdo entre mi angelito y mi diablito. La inminente inseguridad se apodera de todo y uno no sabe como esquivarla. Por mi corta edad no he tenido que dar grandes pasos ni he estado frente a decisiones que puedan cambiar mi vida. Cuando miro al pasado, me río de las estupidez por las que pase, las cuales, por supuesto en ese minuto eran grandes temas. Me arrepiento de no haber hecho ciertas cosas y de no haber enfrentado mis incertidumbres. Mas bien, elegía el camino fácil y prefería omitir mis sentimientos contar de no dañar a otros, ni ponerme en problemas.

He tenido experiencias, que cuando las he enfrentado me han dejado anonadada. Veces que sucede aquello que siempre quise, pero que nunca esperé. Al no estar preparada, me asusto y me refugio en un millón de “no se” y negaciones infantiles. En el fondo soy una niña, un bebe deseoso de ser amado, y esto es una realidad que cuesta aceptar. Que curioso nos dan un hogar, nos regalan la capacidad de oler, ver, sentir, escuchar y tocar; de elegir entre, odiar o amar, tener o perder, correr o detenerse, gritar o callar. Pero al fin y al acabo somos incapaces de tomar decisiones, porque estamos desnudos en este mundo.

No entiendo que es lo que nos impide que hagamos aquellas cosas que sentimos en algún momento dado. Es como si necesitáramos mostrar algo a alguien que es invisible hacia nosotros pero que tenemos el deber de satisfacerlo. Continuamente nos ponen pruebas de las cuales tenemos dos caminos pero sabemos que ninguno de ellos nos llevara a la felicidad, sin embargo, nos complicamos y les damos más de mil vueltas al asunto.

Cada uno de nosotros quiéralo o no elegirá un camino. No espero que mi camino sea el mejor, pero si que sea hermoso y lleno de pequeñas sorpresas. Que sea innovador, entretenido, único y diferente. En el fondo, que me sienta cómoda en el y que nunca trate de mirar hacia atrás. Espero caminar por el, con la cara en alto y con una gran seguridad que me haga ir pensando en todas aquellos cambios inesperados e inexplicables que pueda tener.

Le temo mucho al error, a equivocarme. No quiero sufrir, pero de alguna forma mientras más me lo pregunto, más creo que sucederá. Me cuesta aceptar que le importo a alguien, porque me siento incapaz de poder retornar el sentimiento. Cuando no me cuestione tanto lo habré encontrado.

Pensé en ti.